::El arte de la Adulteracion::

Llega un momento donde los sonidos tan repetidos y tintineantes de las botellas al chocar levemente entre ellas se vuelven parte del conjunto que ni siquiera los percibes como tales, llega un punto donde aquellos choques ya no te alteran como cuando escuchas el golpe entre dos envases de vidrio, y el temor de que se fracture y se desprendan en pedazos punzantes que puedan cortar y hacer brotar una cálida gota de sangres mezclándose con el contenido; independientemente de qué se lleve en los envases, puede ser agua, jugos, leche, inclusive algunos sólidos como granos almacenados en los reciclados frascos de mayonesas o mermeladas; chiles secos, chile en polvo, sal, azúcar, o un sin fin de productos, sin embargo a tal grado de costumbre y de convivencia con esos elementos vidriosos ya no te altera el choque entre las botellas, debido a que el sonido es tan familiar como el glup¡ glup¡ del lavamanos al cepillarte los dientes cada mañana. El derramar el contenido es importante pero no algo imperdonable, ya que unas cuantas gotas o un leve chorro se considera mínimo a la cantidad manejada del líquido. Además del sonido; se encuentran los olores tan peculiares inundando el aire, por la exposición del producto y los leves derrames accidentales, formando un ambiente de bodega fría y húmeda, ya que por lo general la mayor demanda siempre se daba en invierno, cuando las festividades navideñas requerían sin excepción alguna, de por lo menos un producto del que se trabajaba en aquel pequeño patio de servicio de la casa.

Tequila, Brandy, Coñac, whiskey, Vodka, cualquier tipo de vino cualquier marca era trabajable, cada tipo y cada marca tenían sus peculiaridades pero nada era imposible, todo lo que se solicitara era trabajado, aunque por supuesto también había categorías, y había trabajos que valían la pena y otros que no, al igual que la popularidad de lo vendible o demandado era variable, y como en todo negocio existió un sistema que se fue modificando durante las etapas de la empresa, tanto los tipos de vinos y marcas fueran decayendo de lo exclusivo a lo popular, un sistema que se fue modificando desde cuando el adulterar un vino era casi un arte hasta cuando se convirtió en algo masivo y un problema realmente alarmante para la sociedad. En sus inicios esto comenzó por las marcas caras, los vinos no accesibles a todos, el fin era obvio y la idea del negocio muy viable, “Hacer que gente que podía pagarse lujos de bebida, pero no tan exclusivos pudiera cambiar de un Brandy a un Coñac, tal vez de un Coñac VS a un VSOP o un XO” esto se lograba ofreciendo una botella de marca prestigiada a un precio mucho más accesible por ejemplo con un Coñac Luis XIII que actualmente puede costar 22mil pesos, se podía vender en 15 mil, aunque estos casos son extraordinarios ya que conseguir una botella vacía de este Coñac es una tarea ardua e inclusive en ocasiones imposible, sin embargo se registraron casos donde se dio dicho ejemplo. Pero el negocio se comenzó con algunos Coñac caros sin llegar al Luis XIII, se vendían Hennessy, Camus, Martell, Courvousier por decir algunos, y todos estos a su vez con sus diferentes denominaciones: VS que significa Very Special o superior también llamado 3 estrellas, que tiene como mínimo dos años de añejamiento, que por lo general son de 2 a 4; el VSOP que significa Very Superior Old Pale que tiene entre 4 y 6 años de añejamiento; XO que significa Extra Old y puede gozar de un añejamiento de 6 hasta 20 años; y el L’Or que se tiene un añejamiento de más de 75 años. Claro es que para poder hacer de estos productos una venta se estaba ligada a la disposición que se tuviera de las botellas vacias, y de los arreglos que se les diera a las mismas ya que se podían encontrar botellas muy maltratadas a las cuales era imposible en sus inicios del negocio, hacerlas un producto consumible, posteriormente en la vendimia en masa fue más factibles por la adquisición clandestina de etiquetados, pero iremos por partes desde los inicios hasta llegar a la actualidad de las botellas “rellenadas” ó “adulteradas”.

Recuerdo una noche en la que íbamos en el Impala Azul, ese enorme auto donde cabía el mundo. Recorrimos parte de la Ciudad y yo observaba por la ventanilla del coche las luces brillantes de los espectaculares y luminarias que predominaban a los fugaces semáforos que vislumbraba en los entronques de calles al cruzarlas, mientras seguía recostado en el inmenso asiento trasero que era de una sola pieza; era como una cama individual donde podías mecerte con la velocidad del vehículo y fantasear con un mundo de luces al rededor. Si dejaba de ver hacia arriba y dirija la mirada hacia la ventanilla opuesta el espectáculo no era menos encantador, la ciudad de México en las noches suele impactar, con ese incontable numero de flamitas artificiales y para un niño en un vehículo andando y con una inmensa área acojinada como lo era ese asiento azul, para poder estar recostado y cambiando de posición de ventanilla izquierda a derecha y después al medallón observando el auto que venia atrás, y añadiéndole las leves sacudidas del coche al frenar en un alto que eran oportunidad para dejarse llevar por la inercia de la fuerza y rebotar en el asiento delantero que era igual de enorme y de una sola pieza; era sin duda una noche estupenda y fascinante. Aun recuerdo las reprimendas leves que me hacían – Siéntate bien, no estés jugando, te vas a lastimar- Pero poco caso es lo que un niño hace a las advertencias cuando en ello ve algo divertido y entretenido. El trayecto termino y el coche fue aparcado cerca de una esquina donde a unos pasos podía verse la cruz formada por las calles de la  intersección, los postes de luces iluminaban el asfalto y bañaban los edificios antiguos con una vestimenta amarilla degradada, había grandes árboles con un fantástico follaje denso que alcanzaban a rozar con ayuda del viento las paredes de las estructuras. Me es imposible ubicarme y saber en qué parte de la capital nos encontrábamos, sin embargo el recuerdo me trasporta a una colonia como la Roma una zona donde se encuentran hermosos y elegantes detalles en las casas y edificios, remitiéndonos a la época del Porfiriato donde seguramente en su época podríamos ver damas paseando con elegantes vestidos y ostentosos sombreros. La puerta verde del edificio era enorme, de madera e inundada de detalles con arcos salientes y filamentos que iban desde los más finos a los más impresionantes para una puerta.

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